PERFUME

 

Perfume



                        Fotografía: personal

Hay un canal bien pulido en nosotros: el olfato. Si alguien nos preguntara cuál es su órgano, sin titubear, diríamos que es la nariz, pero esta solo es la punta del iceberg; el olfato recubre el cuerpo. Me gusta pensar que también fue construido al ritmo del tiempo.

Hace poco usé un perfume, salieron dos disparos y un pensamiento: está por terminarse. Miré la forma del envase y lo poco que queda, recordando que lo compré hace ya casi un año. Al mismo tiempo, como si este jugara una especie de caña de pescar, llegaron un montón de recuerdos, escenas y afectos que estuvieron bañados con ese aroma que me acompañó por casi doce meses.

El tiempo es una cosa extraña en los seres humanos; nos sucede y sucedemos en él, incluso en la actividad onírica sigue operando y haciendo de las suyas. Somos una espiral en él y el olfato es solo una de las tantas maneras desde las que se puede tratar de aprehender.

Muchos finales se dieron en mi vida en julio del 2023. Conseguir un perfume un mes después quizá fue más que eso, fue inaugurar una cara más de la moneda, ¿será que mucho de lo que me atreví a hacer en este año fueron respuesta a aquellos cierres?, ¿será que fueron intentos que desafiaron algunas posturas inscritas desde tiempos que no recuerdo?, ¿Qué tanto se puede estirar la liga de nuestras posibilidades? La espiral.

Fueron numerosas las ocasiones que me vi echando ese frasco en una maleta, las suaves ráfagas que salieron siempre iban acompañadas de un deseo: descubrir cosas nuevas, tal vez, revivirlas de otro modo; bailar una canción favorita con personas diferentes, probar comida desconocida, dejar que palabras frescas entraran en la memoria, amanecer en lugares que no imaginé, hacer actividades que alguna vez creí que no eran para mí. Insisto, lo nuevo.

Según la Real Academia Española (RAE), la distancia es la diferencia, la desemejanza ente unas cosas y otras. ¿Qué distancia habrá entre el suelo y el arrojo?, ¿Cómo se mide? Pienso que tal vez es una suerte de resarcimiento, un responder modesto, pero distinto al pasado. Sí hay tal, sí hay distancia… pero esta se mueve de a poco, respetando otros ritmos; y así ¡qué maravilla poder ser testigo de esos tenues movimientos!

No puedo omitir el hecho de que hace un año abrí este blog. Pospuse esa decisión una y otra vez, hasta que un día de agosto lancé la piedra, viéndola saltar y pensando cómo iba a alimentar este lugar que a veces es solo nutrido por el miedo. No se ve, pero ocupa el espacio como ausencia de palabras.

Escribo y miro esa fragancia dulce, la inhalo y se despliegan imágenes. Creo que sus descargas están contadas. Pienso si comprar uno igual, o no.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El amor cabe en un paréntesis

La progresión tiene grietas