El amor cabe en un paréntesis

 

El amor cabe en un paréntesis


Fotografía: personal

 

Tengo órbitas; órbitas pobladas de pensamientos, sensaciones y tiempo. Una contiene signos de puntuación, alguna vez imaginé el punto y seguido como una pausa necesaria y al mismo tiempo como una promesa. Ahora pienso en los paréntesis, que nos prestan su anchura para caber hasta el infinito.

Si estos signos existen tal vez sea porque necesitamos cierto orden y es que cómo no si la experiencia humana, en sus dimensiones, tiende a todo menos a la uniformidad. Las órbitas están electrizadas por los afectos humanos, incluida la angustia y el amor, ¿será que en algún punto chocan?, ¿será que puedan ser potenciados por la fantasía?

Creo que las palabras son buenos escondites y tienen la capacidad necesaria para ocultarnos y la flexibilidad pertinente para mostrar unas letras en vez de otras. Yo me escondo ahí a veces para no decir, aunque tal vez digo más de lo que creo porque las palabras también sirven para jugar, pues nos estructuran.

¿Será el mismo impacto si chocan un punto y seguido con los paréntesis? Una pausa en una promesa de eternidad, así como el amor. Si no me cree usted, querido lector que me concede la fortuna de ojear este texto, recuerde los momentos en que ha estado, por decirlo de una manera elegante e incluso histórica, en el lecho amoroso. Ese espacio donde el tiempo se enajena (¿qué diría Einstein con su teoría de la relatividad?) y donde se lanzan promesas que señalan directo hacia la perpetuidad. Ese, es un ejemplo de cómo los paréntesis se dan lugar; ambos cuerpos son suspendidos del afuera y parece que solo cabe la inscripción de la complicidad, de las miradas, las risas que nadie más conoce y que ahí son dotadas de sentido. Se convierte entonces en un secreto.

Dice la Real Academia Española (RAE) que este signo se usa para insertar información complementaria o aclaratoria; es una extensión prestada y puede ser tan amplia como se quiera. Sin embargo, también debe cumplir con la condición de cierre (no hay, regularmente, paréntesis abiertos), entonces este podía implicar una vuelta a la realidad, escupirse de nuevo al exterior donde pareciera que la vida opera con normalidad, pero, ¿Qué sería de nuestra vida sin la posibilidad de su registro?

Y, ya que otro uso es en la reproducción de citas textuales, como omisión de un fragmento del texto original, dan ganas de escribir una historia y hacer una cita donde dos seamos omitidos por tres puntos suspensivos que nos excluyan, colocados entre los paréntesis que muestran que el secreto, en alguna parte, sigue vivo.


Jessica Cortés

@jessicamambo

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