La grieta como condición del lazo 

 

[Fotografía: Internet]

 

Un día le dije a mi analista que me dolía repetir palabras de un país en el que ya no vivía; "es porque todavía las tienes asociadas a ello, pero no siempre va a ser así." respondió. Luego vino un silencio.

Lo que está asociado, está tejido. Se teje a lo largo de los días, con el tiempo y con implicación. Piensen ustedes en las cosas aparentemente nimias que saben de quienes aman; en la ternura que despierta conocer sus hábitos, descubrir cómo a través de su historia se dieron aquellas costumbres y cómo hablan de quienes son.

Como K, cuya elección de ropa solo va del beige, al negro y el blanco y de regreso. O Z, que ha aprendido todas las recetas para hacer jugos con verduras. H, que cada mañana le recuerda a su perro pachón que no debe acostarse en la cama o N qué siempre compra en la misma tienda las mismas cosas para cenar.

K, Z, H, N... letras que no son solo letras. Hace no mucho platicaba con una amiga muy cercana sobre la otredad, la conversación era un vaivén entre el asombro y el temor, ¿Qué se hace cuando el otro se presenta con toda su diferencia? suena a una pregunta que rimbomba, pero que en realidad es la encarnación de las escenas más cotidianas.

A veces, lo que nos interpela nos da miedo porque hace preguntas que nunca calculamos, porque lo que aparece no está escrito en ningún manual, porque es la vida, la pulsión haciendo ruido, porque no hay respuestas correctas ni procederes impecables. Asusta porque nos hace perder la ilusión de control y nos hace mirar nuestras grietas; las estructurales, las que todos tenemos, esas frente a las cuales el lenguaje es muchas veces insuficiente, pero que también habla de quienes somos y de nuestro deseo, porque, ¿no es esa grieta, esa falta la que nos moviliza a buscar el lazo con los otros?

La grieta que el amor no llena es la misma grieta por la que respira, la que permitió hacer lazo, la que posibilita habitar países y a veces partir. A la que intentamos ponerle nombre pero que más bien lleva un hueco, porque como dice Cristina Peri Rossi:

Hay gente que le pone nombre

a su falta

les falta Antonio o Cecilia,

un viaje a África…

 

Los que sabemos que la falta es lo único esencial

merodeamos las calles nocturnas.

Sacamos a pasear la falta

como quien pasea un perro.

 [Fragmento de La falta]


Quizá nos quede aprender a sostener la pregunta por un tiempo sin calendario; un tiempo que de vez en cuando nos cuestione por la construcción de nuestra vida con los otros y una pregunta a la que podamos responder con la valentía de que en el encuentro con la diferencia no hay garantías pero si un llamado a la vida.

 

Jessica Cortés

@jessicamambo


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