Pasiones
Pasiones
¿Qué sería de los seres
humanos sin ser atravesados por la experiencia amorosa?, Quizá, si ella no
existiera, no podríamos hablar de un devenir, porque las pasiones son fundantes.
Soy curiosa y necia -ni
modo, hay males sin remedio- y así, muchas veces, al escuchar historias he
lanzado la pregunta sobre qué del otro
hace que nuestro cuerpo y mente quede prendado, dispuestos a ingresar a la
ilusión, alucinación y fantasía que es enamorarse, es decir ¿Qué nos vincula?, ¿cuáles son las primeras impresiones
provocadoras?... me interesan las que se alejan del discurso políticamente
correcto. Me interesa ir hasta lo originario, lo bizarro.
Como la señora C., personaje de un relato fabuloso de Stefan Zweig, a quien
le heredan el arte de la quiromancia y en un momento determinante de su vida
ella se deja envolver por una pasión. Lo describe:
“Eran aquellas unas manos de
singular belleza (…) yo las hubiera contemplado toda la noche (…) nunca jamás
había visto yo manos que hablaran con tan viva expresión y estuviesen poseídas
de una excitación, de una tensión tan espasmódica…” (p. 26)
Esas medusas arrojadas al borde de la ribera, como también las describe,
fueron el objeto apabullante que después abre paso a una serie de eventos que
dan testimonio sobre cómo una mujer hace entrega de sí, ofrenda los prejuicios
sociales de la época, pone en juego la que creía ser para atreverse a ser otra…
Si, como ella, un buen día, en un acto de honestidad nos prometemos
decirnos toda la verdad, ¿de qué diríamos” que nos prendamos?, me mantengo en
la sensación de que lo primero son cosas originarías; el tono de voz, los ojos,
la mirada, el aroma o las manos. Dentro de nosotros se echa a andar un
andamiaje complejo que tal vez reviva huellas tempranas. Cualquiera que haya
sido tocado por esta experiencia que solo la vida es capaz de regalar, podrá
dar cuenta de que no hay prueba menos uniforme y que engendra el mayor frenesí,
que pone en juego nuestras certezas, da
pausa a los miedos y embriaga nuestros sentidos.
La señora C. y aquel muchacho tejieron a Eros y a Tánatos en esas
horas. Hace poco escribía sobre el papel de sabuesos que queremos ejercer y la
función rastreadora para encontrar las grietas donde todo se rompe. Ahora me
pregunto sobre los lugares que anudan y desde donde todo nace.
Hoy las voces comparten un mensaje similar: tener relaciones humanas en la
vida que “sumen” que “aporten” y si no se cumple con tal ¿objetivo? entonces no
funcionan, son automáticamente desechables. No puedo evitar pensar porque hemos
intentado hacer “higienistas” a los vínculos, parece que cada vez es más
frecuente podar la experiencia humana y sus pasiones para dibujar un jardín que
se apega más a la moral, que por cierto, sigue siendo doble, a pesar de que
finge ser lo contrario en esta época.
Considerémonos afortunados, si, como la señora C. pudimos entregarnos
alguna vez al fuego y tener una noche “…llena
de luchas y de palabras, de pasión y de cólera, de odio y de lágrimas, de
promesas y de embriaguez, que me parece que duró mil años.” (p.40)
@jessicamambo

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