QUEREMOS UNA NIÑA

 

Queremos una niña


El ambiente escolar resulta ser uno muy interesante, a veces funge como un espejo; un micro universo, un lugar permeable que filtra y refleja la realidad social. Todos los días, acompañando el amanecer, circulan las palabras, miradas, silencios, suposiciones… que son movilizadas por nuestras infancias, adolescencias y formas de ser docente, pareciera que el timbre de salida es una suerte de pausa y que todo permanecerá inmóvil, sin embargo, no es así.

Una mañana platicaba con mi compañera H.  Nuestros encuentros eran un vaivén que contenía pedacitos de historias de vida, cómo estos se juegan en el presente y en la interpretación que tenemos de las cosas. Le conté sobre una experiencia graciosa que tuve con una alumna de preescolar, reímos y ambas coincidimos en el deseo de una hija como la pequeña R.

“A mí me hubiera gustado tener una hija”, dice. Me cuenta que es muy feliz con P, su hijo adolescente, sin embargo, confiesa el anhelo de una niña y con ello el de la posibilidad de ser una madre distinta a la que tuvo. Sonrío, le respondo que conozco a varias mujeres, madres de varones, que coinciden con ella. Yo misma, que no soy madre, me siento identificada.

H me sirve con cuidado una taza de café, me pregunta cuántas cucharadas quiero de azúcar, respondo que una por favor. A veces pienso en las actitudes maternales de quienes ahí trabajábamos. H sirve una taza más de café para un docente que llega a la oficina y le dice “Queremos una niña”; nos iluminamos con la afirmación y hacemos petulancia de la pequeña R.

El día, diferente como todos, transcurrió. Retomamos nuestro trabajo. La aparente pausa se desvaneció y tratamos de hilar las acciones que ocurren dentro y fuera de la escuela, recientemente nos habíamos dado cuenta de situaciones complejas que están, invariablemente, relacionadas con un marco social violento.

A Z, una chica de 15 años, la podemos identificar como alumna, con una matrícula específica, con una CURP que está en los registros de control escolar y que se alojará en los diferentes documentos que validen su educación a lo largo de su vida. Pero Z es más que eso; está atravesada por una historia propia; por un padre ausente, por las tardes que pasa sola en casa, una madre que la insulta cuando se enoja y le reclama hasta el dinero que “gasta” en ella.

Z es una chica inteligente. Si por una especie de locura unilateral quisiéramos hacer un juicio de ella considerando su boleta de calificaciones y su aspecto diario, tal como se pretende a veces, parecería una “chica ejemplar”; conoce la fórmula de la velocidad, tiene pocas faltas de ortografía, muestra habilidades en el deporte. Solamente ajustando la lupa de la observación notaríamos que busca reconocimiento, mirada de los otros… al parecer encuentra un poco de ello en el intercambio de fotografías con sus compañeros. Hecho no asilado en este mundo actual.

Intentamos generar una intervención en la que se vieran implicados sus cuidadores. Recibimos una respuesta que la victimiza, que la vuelve la única responsable de sus actos. El eco de sus acciones no resuena en el contexto familiar, desconocen porqué es así, asumen que es culpable. Generamos contención desde nuestro espacio, esperando sostén en otras esferas de su vida.

Vuelvo a decirlo, el caso de Z  no es aislado, es espejo; es resultado y prueba. Resultado de las condiciones sociales que le brindaron un contexto determinado; prueba de la mirada que seguimos teniendo con las niñas y con las mujeres. Ante los ojos de los demás, incluida nuestra familia, solemos ser provocativas, instigadoras, culpables siempre, sin importar nuestra edad. Estamos ciegos de prejuicio, de desconocimiento, de simplismo.

Queremos una niña. Sí. Pienso nuevamente en la pequeña R, pienso en Z. Pienso en nuestra condición de mujeres.

Queremos una niña libre.

Queremos una niña que goce de oportunidades justas.

Queremos una niña reconocida por las leyes.

Queremos una niña que mire de frente.

Queremos muchas niñas así.





Jessica Cortés

@jessicamambo


Comentarios

  1. ¿Por qué Z, R... ? Nombrar es existir, Jess (no es necesario que sea el nombre real). Prueba nombrando, existiéndoles.

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