AMOR

AMOR


Hoja-Amor

Sobre lo que nos habilita, inhabilita, medio habita: EL AMOR

 

Correr puede asemejarse a un ritual de iniciación, con la peculiaridad de que este ocurre un sinnúmero veces, cada una con matices diferentes, hasta que se vuelve un hábito o un apego estimulante el atravesar por ese umbral, sea cual sea su cuota; sentir que los pulmones te revientan, que la rodilla te duele porque, oh sí, los años están en tus huesos, que puedes contigo, ahí, en ese camino…

A veces ese pasaje trae consigo un telón que rompe en imágenes aleatorias; sobre la infancia, viajes hechos, personas, huellas, emociones… te detienes y piensas ¿realmente serán azarosas o todas están atravesadas por algún poderoso hilo? Sí, quizá por la secuencia del devenir.

Hace poco estaba en ese umbral, a mitad de carrera, cuando recordé una imagen que pude observar en un bello paraje de Puebla: una hoja adelantada a su estación; parecía otoñal, sin embargo, aún era verano. Qué importa el tiempo, si parece ser que a nuestra subjetividad no le parece relevante. La hoja estaba en el camino, perfectamente delineada, había caído del árbol que la sostuvo; cuando la vi pude pensar en una sola palabra: AMOR.

Estaba entera y atravesada. Había permitido que su nuevo espacio hiciera cambios en ella; la humedad del suelo la había tocado, las piedras del sendero traspasaron sus nervios. En algún punto parecía haber cicatrizado, era una hoja alterada por los otros elementos, y ahí estaba: viva ¿No es eso parecido al amor?

Mientras corría y la respiración se aceleraba llegó a mi mente una mezcolanza de recuerdos. Que la posibilidad de movernos en el tiempo -presente, pasado, futuro y a veces super futuro- sea una característica que nos hace humanos es una bendición o una tortura, depende del momento. En este arribaron desde la infancia historias con mi papá, las palabras que me ha regalado para siempre y me han hecho fuerte, las veces que me caí de la bicicleta por hacer artimañas sin las manos en su lugar, la valentía que tuve para dejar el miedo atrás e intentarlo una y otra vez.

El empuje y el arrojo que me acompañaron en esas fechas es lo que le desearía a un hijo o a una hija, y es lo que me deseo a mi misma en días difíciles. Hay memorias que nos siguen sosteniendo. Hay quienes se quedan habitando en nosotros para siempre y hacen una especie de apuntalamiento, como las rocas en la hoja otoñal.

Seguramente no recuerdo todas las evocaciones que hice aquel día, dichosa memoria, pero esa emulsión de imágenes estuvo conmigo hasta el final de la ruta. Llegué observando el punto de partida, respirando fuerte, hice una flexión y mis manos tocaron las rodillas que guardan las cicatrices de mis caídas en la bicicleta, tal vez las tengo que mirar de nuevo para escuchar, en este presente, qué tienen que decirme.

En este verano, tiempo después de ver a la hoja- amor, el ritual que acelera las piernas me dio ese regalo. Después de todo, correr paga bien.





Jessica Cortés

@jessicamambo

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